martes, 10 de diciembre de 2013

Süchepa Wayuu Pintura Facial

ORIGEN DEL ACHEPA

Hace muchos años en las tierras de Oulachi, vivía un wayuu llamado Wajüüschon, con su mujer y sus cincos hijos, de los cuales los dos mayores eran varones. Era un hombre dedicado a su familia, muy trabajador. En los tiempos de verano, después de la jornada de pastoreo se dedicaba a limpiar y a reparar su japain. En las temporadas de las lluvias sembraba una gran variedad de granos y frutos, siempre con la ayuda diligente de sus dos hijos; pero su gran pasión era la caza de animales silvestre que le proporcionaba una buena provisión de carne gracias a su famosa destreza y puntería como cazador.  

Hubo un tiempo en que las lluvias dejaron de visitar las tierras de Oulachi y el viento polvoriento se paseaba a su antojo formando remolinos por el japain de Wajüüschon. Se agotaron sus abastecimientos,  sus ovejos deambulaban tambaleándose del hambre y su mujer tenía una expresión de tristeza y preocupación en su adusto rostro.
Ante esta calamidad este hombre luchador apeló por lo que más sabía hacer, cazar. Todos los días salía de cacería  desde las primeras horas del día hasta el atardecer, a veces, solo traía iguanas y machorros. Con  el transcurrir de los días se le fue haciendo más difícil conseguir sus presas. Esto le implicaba tener que caminar grandes distancias para llevar el sustento diario a su familia.
Con el pasar del tiempo las cosas se fueron complicando, hubo días en que regresaba sin nada para ver como su mujer, hijas e hijos se acostaban con una hambre espantosa. Entonces un día  le manifestó a su mujer que le preparara como avió yaja porque iba de casería y no pensaba regresar  hasta conseguir una buena caza. De esta manera salió desde la madrugada bajo los fulgores de la estrella de la mañana a caminar por las extensas sabanas. Continuo con su búsqueda incansable mientras el sol se deslizaba lentamente por el seno del cielo, y Wajüüschon solo había visto cactus, espinos y algunos jokooliiwa que por un milagro de la naturaleza tornaban su piel del mismo color que las ramas secas para así evitar ser descubiertos. Ka’i fue descendiendo inexorablemente a posarse hacia las tierras de Wupumüin. Pronto llegaría Sawai acompañada de Jemiai y el intrépido cazador subió a las tierras pedregosas y de cerros pequeños para pasar allí la noche.
A la mañana siguiente recorría sigilosamente los escabrosos terrenos soñando con toparse con un venado. Ya siendo Kaleo’u, Wajüüschon descubre entre las rocas a un hombrecillo con un sombrero de pajas de enormes alas, vestía un wayuko totalmente descolorido, era totalmente flaco de tal modo que su piel estaba pegado solo a los huesos; pero tenía una enorme barriga abrillantada como a punto de reventar. 
Paralizado por esta visión el cazador  no atinaba que hacer solo se limitó a observarlo en silencio. Ante su asombro este hombrecillo se abalanzó con mucha agilidad entre las piedras atrapando a un atpanaa que venía a toda carrera cruzando una pequeña vegetación espinosa. Lo sujeto bien fuerte con sus manos flacuchas, abrió enormemente su boca y lo engullo de un solo tirón gracias a la elasticidad de su garganta.
Wayüüschon pensó para sus adentros que sería la próxima víctima y lleno de miedo saco su flecha y tenso con todas sus fuerzas su arco y disparo contra la extraña criatura que al sentir el silbido de la saeta cortado el aire voltió a mirar; pero ya era demasiado tarde ya se le había incrustado en la enorme barriga. Cayó al suelo gimiendo de dolor. Superado el letargo el cazador volvió a preparar su arma. El misterioso ser se arrastró con agilidad, se levantó y se perdió de la vista dando tumbos entre las rocas.
El cazador muy espantado decidió regresar a la carrera a su casa. Acostumbrado a los extenuantes  recorridos, corrió un largo trecho después del cual caminaba más pausadamente por la agreste sabana. Para su sorpresa se topó de frente con un venado que pateaba a la arena e inquieto miraba en todas las direcciones, como con ganas de correr. Wajüüschon sin pensarlo dos veces lo ensarto con su mortal flecha, lo monto sobre sus hombros y camino feliz a su casa. Cuando ya estaba llegando el cielo empezó a nublarse y apenas entro debajo de su enramada empezó a llover. Ese día llovió toda la noche. Dando inicio a un año de abundancia.
Ya en su chinchorro el cazador Wajüüschon se dio cuenta de que había herido con gravedad a Jamü y se lamentó no haber tenido la suficiente habilidad para matarlo.
Cuando los wayuu de Oulachi y caseríos vecinos cosechaban y disfrutaban de la leche y el queso que daban sus animales la abuela Pürorisia tuvo un sueño ya en las horas del amanecer, en el cual una viejita le encomendaban avisarle a todas sus hijas  que en las yonnas y festividades del Kaúla’yawa que se hace en agradecimiento a Ma’leiwa por enviar a Juya, pintaron sobre sus rostros símbolos que representaban sus fortalezas  y cualidades que la hacían una mujer virtuosa. A los hombres les encomendaron pintarse las figuras de las garras del tigre, el palo de las flechas y el símbolo de las lluvias para recordar la tenacidad, la osadía y perseverancia de Wajüüschon para vencer al hambre.
También se encomendó a hombres y mujeres que dichas figuras sean dibujadas con las hojas trituradas del árbol pali’isa y en las tierras donde era imposible conseguir estas plantas se hicieran con uliishi (mineral rojizo) originado por la sangre de Jamü al caer sobre las piedras. Todo esto con el propósito de auyentar el hambre de las tierras wayuu


 (José Belén Fernández)

Süchepa Wayuu

Pintura Facial
La mujer wayuu desde tiempos inmemoriales  ha representado a través  de símbolos delineados con precisión y creatividad figuras representativas del ambiente natural donde se desenvuelven sobre sus hermosos rostros, a través de estos símbolos buscan representar su estrecha relación o integración al cosmos y a toda la naturaleza creada y sostenida por Maleiwa.
La mujer Wayuu engalana su rostro en los momentos de manifestaciones de alegría, en rituales, por mandato de sueños, en celebraciones de la vida y actividades cotidianas. Generalmente escoge un símbolo que trata de resaltar una virtud o cualidad que la distingue, buscando le sea reconocido por los demás.
Estas figuras son trazadas con una sustancia que resulta de mezclar con un poquito de agua una tiza denominada pali’isa, un preparado que se obtiene de un árbol del mismo nombre que generalmente crece en las zonas montañosas, es por ello que los wayuu la buscan siempre de la serranía de Makuira. En las regiones donde es difícil conseguirlo la mujer wayuu suele suplantarlo con el uliishi que se obtiene de un mineral (piedra) presente en algunas regiones de la guajira.
Otra categoría del maquillaje wayuu que generalmente la mujer utiliza en actividades cotidianas especialmente cuando realiza labores bajo la inclemencia de los rayos solares, es donde se usa el pai’pai sustancia que se obtiene del polvillo de un hongo del mismo nombre que brota en las temporadas de lluvia y que es  mezclado con sebo de chivo u ovejo. Se aplica más que todo como protector solar y limpiador natural del cutis. También existen otros hongos que se emplean para este tipo de maquillaje como el mashukaa y el imeera que varían solo en la tonalidad de color marrón intenso y claro del polvo que se adquiere de ellos. Estos hongos habitualmente retoñan sobre troncos podridos o en la corteza de los árboles. 
 Es por esto   que en cada actividad a celebrarse en la escuela nuestras niñas, niñas y docentes  sin complejos, ni traumas históricos atavían sus rostros con diseños o figuras propios de la identidad cultural originaria, con el propósito de realzar sus fortalezas y virtudes que engalanan su Ser como ciudadano(a) wayuu.

Julenakia
La figura julenakia representa el cabezote de los frenos del caballo y nos habla de la virtud de la prudencia en la mujer.





Juyayaa
En castellano significa gotas de lluvia y representa a la mujer wayuu con virtudes como: la ternura, el remanso, la paz entre otros.



Shiliwalayaa
Representa la estrella o constelaciones representa la belleza física y espiritual presente en la mujer wayuu.



Uuchi
O montaña representa la fortaleza y la firmeza de la mujer wayuu.


Itanayaa
La figura Itanayaa representa los símbolos que se hacen en la totumas y nos habla del don del servicio y laboriosidad de la mujer wayuu.



Julit`tunaya
Que traducido al castellano significa alas de mariposas representa la delicadeza en el trato de la mujer wayuu.









Et`sia
Representa el rabo del perro y nos habla de la virtud de vivir la vida en alegría.


Süta Molokoona
También llamado por nuestros hermanos caparazón de tortuga que nos es mas que la virtud de la paciencia.






Shia Juya
Representa el relámpago, virtud que se presenta en la mujer wayuu para deslumbrar ante los demás.






Oshokonojushi
Para los wayuu representa la flexibilidad de la mujer wayuu ante la razón.
  


O´uu
Virtud en la mujer en ser detallista y una mujer creativa.

 
Jeyuuyaa
Traducida al castellano como las formas de hormiga significa la virtud del orden y tenacidad laboriosa en la mujer wayuu.

 
Susii Wunnu
La figura Susii Wunnu que significa traducida la castellano flor del árbol representa la simboliza del milagro de traer hijos al mundo.
Shiliwala
La constelación elemento de la naturaleza es que es importante para los wayuu porque nos sirve para medir el tiempo.
Nuchoyuu Juya
Somos hijos de lluvia sinficado que nos recuerda que todos somos hermanos.


Annero`utyawa
Muestra su significado cacho del ovejo traducido al castellano. Y refiere al trato de ilustrar la fortaleza con que cuida la mujer wayuu su familia.
 
Wopu suma laa
El maquillaje Wopu suma laa que traducido al castellano significa caminos y jagüeyes elementos de vital importancia en las comunidades indígenas.  


Wopú jepiramüin
Camino a jepirrra símbolo que representa la vía láctea y para los wayuu es el camino que  debe recorrer los muertos y estamos conectados a el desde el vientre de nuestras madres.